La leyenda del jaguar y la mariposa
Niobeth (PA)
Niobeth (PA)
En una comunidad alejada de la civilización había una familia que contaba con dos hermosas hijas. En todo el pueblo no había belleza que se igualara ni en una décima parte, lo que hacía que todos los hombres de ese sitio estuviesen a merced de ellas, buscando una oportunidad de tan siquiera cruzar unas palabras con tan semejantes monumentos. Ñömi era esbelta como la luz del alba y Bädi exudaba un halo de misterio noctámbulo. Siempre fueron muy unidas hasta que, un buen día, ambas conocieron al que sería su manzana de la discordia: Bärkli, un chico con mirada mística que parecían dos lumbreras con la intensidad de un jaguar. Virilidad debía ser su mote, con tan imponente dominancia y fortaleza.
¿Quién podía dominar a tan solicitado hombre? Las hermanas, casi que al instante de cruzar miradas con él, intentaron de manera sutil llamar su atención con delicados movimientos y de manera grácil en su forma de caminar, mientras jugueteaban con sus cabellos color azabache. Los intentos solo hicieron que notase su existencia, pues ese día tenía otros asuntos rondando su mente.
Bädi, esa noche y las semanas siguientes, no dejaba de pensar en él. Su mente se había convertido en una cárcel en donde solo había espacio para él. La obsesión era tal que, poco a poco, dejó de comer. Mientras tanto, su hermana, la que parecía un lucero de la mañana, día con día captaba la atención de este. El acercamiento entre ambos cada día se palpaba más en la comunidad.
El rumor era un cuchillo punzante en el corazón de Bädi. A pesar de tener a todos a su alrededor, todo sabía a nada; toda esa atención y muestras de afecto no eran más que un recordatorio de que ninguno de los que estaban frente a ella era él, su amado jaguar de la montaña, con el cual jamás había cruzado más que una mirada, que fue suficiente para hacerle sentir lo inexplicable.
Si solo su mirada provocó eso en ella, no podía comprender la magnitud de lo que sería un encuentro frente a frente con él: un suspiro, una caricia, un murmullo, un beso y, más aún, un para siempre con él. Pero toda esta fantasía, retorcida hasta cierto punto, fue bañada de un momento a otro en amargura. El lucero del alba y el jaguar ya caminaban juntos por el bosque con fétida felicidad. Corrió desesperada al borde de un lago tratando de comprender por qué no fue elegida sobre ella, si eran tan parecidas. Entre sollozos gritó mirando al cielo, profiriendo maldiciones hacia la que, hace unos meses, era su querida hermana, hasta que escuchó una voz que provino de la espesura del bosque.
—Yo te puedo ayudar con lo que más deseas —dijo Kräklï.
—¿Quién eres y por qué lo harías? —preguntó sin miedo alguno.
—No importa quién soy, solo debes saber que siempre las admiré a ambas, pero más a ti. Quisiera que me miraras y pensaras en mí como lo haces con él, pero eso nunca pasará, al menos no de forma que provenga de tus más profundos deseos. Yo manejo los poderes de la naturaleza. Solo tienes que hacer lo siguiente: te vas a tomar este brebaje en luna menguante justo en este sitio a las nueve de la noche, y a las nueve de la mañana se lo debes dar a tu hermana. Tienes que lograr que lo haga justo en este mismo sitio. Si no lo haces aquí, no funcionará.
—¿Y qué es lo que lograré?
—El amor de tu jaguar.
—¿Cómo sabes que le digo de esa forma?
—Yo sé todo y de todos. Ves que no miento.
Con esas palabras en mente regresó algo de paz y felicidad a su vida. Esperó con ansias esa fase de la luna mientras vivía con angustia al ver cómo la relación entre ellos florecía con una resiliencia envidiable.
—Hermanita, acabo de tejer esta polilla para ti. Es una Adhemarius dariensis —dijo Ñömi.
—¿Y esa mariposa?
—Ah, es una Luminaria polidamante.
—Hasta para eso tratas de ser mejor que yo —gritó con furia—. Quita de mi vista esa asquerosa polilla.
Bädi no entendía la reacción de su hermana y se fue lejos a llorar. Ya se notaba la distancia gélida que el ser que más amaba en este mundo tenía hacia ella desde hace un par de meses atrás.
—Cielo, dime por qué mi hermana me trata con desprecio últimamente.
Bubu, un espíritu protector de la mitología gnöbe, se conmovió de la joven y le dijo:
—Tu jaguar pronto intentará alertarte de algo que definirá el destino de tu alma para la eternidad. No puedo decirte más allá de lo que Nö Kribo me permita.
Finalmente, llegó la noche en la que Bädi estaba lista para acabar con su dolor. Fue a la hora y al lugar concordado con el chamán. Kräklï, con un traje portentoso ceremonial, salió caminando del fondo del lago sin una pizca de humedad en su fornido cuerpo.
Bädi, sin inmutarse ante la escena sobrenatural que acababa de presenciar, como si se tratara de algo con lo que había lidiado anteriormente, cegada por su deseo de quebrar la relación que le causaba escozor en su alma, tomó de una buena vez por todas el brebaje.
No sintió nada en particular, pero de la nada el chamán le dio la polilla que le había tejido su hermana.
—Toma esto y no lo quites. Si puedes, ponle un ganchito en el cabello o un collar hasta que ella se haya bebido este brebaje mañana a las nueve de la mañana. También tienes que hacer que ella cargue su mariposa tejida con ella.
Mientras tanto, Bärkli trataba de conciliar el sueño, pero algo no lo dejaba en paz esa noche. En un momento que empezaba a tener sus ojos entrecerrados, tuvo la visión de que una fuerza malévola se llevaba a su lucero al fondo del lago. Una criatura extremadamente horrible le dijo:
—Búscala.
Trató de levantarse, pero algo lo empujaba hacia el suelo. Se sentía como si dos manos del suelo lo sujetaran con la fuerza de ocho jaguares. Estuvo luchando toda la noche con esa fuerza maligna, pero los intentos fueron en vano; su cuerpo cayó rendido al alba.
Ñömi, por su parte, quedó pensando en el mensaje que le dio el espíritu del bosque hasta que, sorpresivamente, su hermana la saludó como en los viejos tiempos, con una sonrisa cándida pero a la vez extraña.
—Mira, hermana, tejí este collar para que le pongas la mariposa, como dije.
—¿En serio? Está muy lindo, ya se lo pongo.
—También quería pedirte disculpas por cómo reaccioné ese día ante tu regalo. Últimamente hay una tristeza en mi corazón que no puedo explicar.
—Deberíamos ir al cacique del pueblo.
—No, yo solita saldré de esto muy pronto, ya verás.
—Preparé una bebida que me enseñaron unas señoras para tener más fuerza y belleza en el cabello y rostro, pero tiene que ser a las nueve, antes de que tomes el desayuno. Encontré en el lago algo que me llamó la atención; me gustaría que fuéramos allá.
—Está bien, yo también tuve una experiencia rara en ese lago y quisiera verlo de día.
Mientras le contaba el mensaje de Bubu, Bädi no le tomó mayor importancia al encuentro sobrenatural con una de las deidades que tuvo su hermana.
Llegaron al sitio. Ñömi, con sed, tomó el brebaje sin pensarlo dos veces. Al inicio tenía el sabor dulce de una fruta desconocida, pero el último sorbo fue lo más amargo que tomó en toda su vida. Sintieron cómo todo a su alrededor se volvió tétrico y oscuro, mientras del lago surgió un remolino que se alzó unos dos metros, y en el epicentro estaba el chamán levitando. Ambas chicas gritaron del terror al ver una bestia enorme detrás del chamán. Kräklï, con su vara de madera, guió el remolino hacia las hermanas y fueron arrastradas vivas a la profundidad del lago, mientras a lo lejos llegaba el jaguar a ver tan impresionante escena.
Su grito poco a poco mutó al rugido de un jaguar. Mientras los collares de las chicas caían lentamente a un costado, las figuras tejidas cobraron vida y se posaron en su mano.
—¿Quién eres y por qué hiciste esto? —gritó de rodillas.
—Ellas siempre me rechazaron y se sentían inalcanzables para todos los hombres. Ahora sus cuerpos estarán conmigo para la eternidad.
—Devuélveme a mi amada.
—Solo podrás hablar con ella a través de una Luminaria polidamante, pero no será con cualquiera. Solo habrá una que tenga su espíritu. Queda en ti buscar en cada mariposa cuál es Ñömi. Tú tendrás su espíritu, pero su cuerpo frío e inanimado será mío por siempre.
Bärkli esas palabras lo hirieron en lo más profundo, pero a la vez sabía que tenía la esperanza de volver a escuchar su voz. Desde entonces, buscó información sobre esta especie; buscó en lugares como bosques abiertos y campos abandonados, incluyendo zonas cercanas al Canal de Panamá (Amador, Soberanía, Darién). Incluso aprendió que las larvas se alimentan de Aristolochiaceae, Rutaceae y Myrtaceae. Incluso soportaba el olor desagradable que expelen cuando se sienten amenazadas.
Y desde entonces se ve vagando al jaguar en busca de su mariposa.