El acta de la independencia el camino hacia la dependencia y la soberbia
Fernando Soza Narváez (NI)
Fernando Soza Narváez (NI)
La independencia de Centroamérica es sin duda, la representación de la hermandad entre pueblos que reclamaban ser dueños de sus propias tierras, de gente que quería desvincular su historia de la masacre y la ruptura de las cadenas que amarraron a nuestros antepasados. Es lo que representa un pequeño destello de libertad o el primer paso para la reconstrucción de nuestra identidad.
Sin embargo, a día de hoy en Centroamérica se perciben las secuelas de lo que fue antes de la independencia, la desaparición de los pueblos y lenguas originarias de muchos países a lo largo de la región, evidencian la falta de amor a nuestra propia tierra, donde se avergüenzan de lo que algún día nos representaba. Se liberó por acta el territorio, mas no las ideas ni las lúgubres intenciones. El pensamiento se condicionó y nos empezó a llamar la atención el poder de mandar; jerarquizar la vida de nuestros propios ciudadanos y esclavizar mientras estamos al mando de un buen cargo.
Pero desde nuestra historia ¿somos libres?, libres con un puñal o piedra en mano o libres con un verso que pide libertad. Desde que nos independizamos no encontramos la paz, mas bien prevalece el miedo o la incertidumbre de que nos vuelva a pasar; heredamos rencores, odiamos, incluso entre nosotros; estamos refugiados o encarcelados en nuestra identidad.
Nuestro falso patriotismo que se exalta en la lejanía de nuestras tierras y flaquea en el diario vivir, pisando nuestra propia bandera; si, esa bandera que a kilómetros se aprecia por ser bella pero frente a frente se le escupe con reproches de nuestro propio origen. Definitivamente, si algo es parte de nuestra identidad es la soberbia que destaca en la hipócrita sensación de valor detrás de nuestra independencia.