La noción de una Centroamérica como una construcción territorial, social, política y económica se ve acercada a veces a la realidad contemporánea como un resabio que puede obtener dos cargas de significado respecto de las circunstancias actuales. Por un parte puede presentarse bajo la aspiración de recuperación de las expectativas asociadas al proyecto de unión futura y desde otra visión, se construye alrededor de la aparente exaltación de los hechos que conformaron esa efímera construcción estatal de la República Federal, la cual se piensa como elemento gestor de una identidad común para los habitantes de la región.
Es en esta etapa de germinación que se pueden encontrar correlaciones importantes que se mantienen con mucha vigencia. En este caso se tomará la comprensión del ejercicio del poder que tiene el autor Mann y que clasifica en tres: militares, económicas e ideológicas (2006, pp. 11) que además se manifiestan a través de la presencia del Estado que ejerce un poder denominado infraestructural que asocia indivisible al ejercicio del poder y la presencia en un territorio dado.
El proyecto de Federación va íntimamente relacionado a las estructuras económicas, civiles, militares y culturales que determinaron las épocas de tránsito del final de la colonia. Tanto en la aspiración de un proyecto de cambio liberal frente a las limitaciones administrativas y comerciales coloniales. Sin embargo, las características de la sociedad de transición facilitaron la replicación de los esquemas de dominación y con ello también, las condiciones de ruptura, conflicto y abandono que afectan tanto a nivel local como en función de un proyecto regional.
En conjunto a estas valoraciones debe tomarse en cuenta las condicionantes que ejercía la distribución territorial y la orografía de la región. Como se podrá ir comprobando en la lectura; ha facilitado o evitado la actividad humana y la construcción infraestructural del Estado y en general el modo en que la región centroamericana se ha visto construida. Centroamérica no sólo posee una extraordinaria diversidad si no que también la genera y promueve como lo destaca Pérez Brignoli al mencionar la diversidad lingüística de la región y los distintos grupos humanos originarios que la habitan (2017, pp. 21-23). Una hipótesis ajena a esta reflexión puede ser si el modo en que la diversidad lingüística existente puede dar eco de la condición de aislamiento y la dificultad de tránsito en el territorio, que facilitó el desarrollo de dialectos y variantes. Esto también tomando en cuenta como un idioma es en sí una manifestación de la cosmovisión y ello afecta todas las proyecciones socioculturales de la población dada.
Un aspecto de interés en este periodo de transición colonial republicana son las características del aparato económico productivo de la región. El caso del añil constaba con una extensión en monocultivo desde Guatemala hasta Nicaragua, pero a pesar de ella subyacían intereses comerciales divididos en nodos de tránsito de bienes distintos, como es el caso de la tendencia que asociaba a Costa Rica y Nicaragua con los territorios de la Nueva Granada en particular a la Panamá y Colombia actual (Lindo - Fuentes, 1993, pp. 144-148).
El cultivo del añil no correspondía a una verdadera integración productiva porque incluso a pesar de la difusión del mismo estuvo igualmente a merced de las élites de Guatemala que fueron poco a poco fortaleciendo su poder y monopolio hasta su institucionalización (Collado, et all, 1986, pp. 104). Esto puede verse asociado a un ejercicio de poder económico e ideológico, en el que aún dentro de su etapa precursora a la independencia, manifestaba una dominación que evitó la sublevación de uno u otro estado sobre la capital de la Capitanía General. Pero el malestar fue contínuo y creciente como lo define Facio al indicar que:
Los males, por tanto, precedentes de las primeras auto- ridades, no se atribuían únicamente a los peninsulares, sino a la aristocracia guatemalteca. El odio de las provincias se marcó contra esa oligarquía, y más tarde, por equivocaciones y errores, se hizo extensiva a todo lo que fue Estado de Guatemala (Facio, 1939, pp. 43).
Curiosamente, debe destacarse la realidad de una condición de frontera que tenía el istmo dentro del imperio español y como en este caso se ve también expresada en la pérdida de cohesión hasta en los niveles más pequeños de la administración burocrática del Estado español y luego de la Federal. Tómese en consideración como la constitución de Cádiz fue un hito de interés en el ejercicio de organización de las élites locales para la generación de representación ante un órgano colegiado extraterritorial, pero no se convirtió en un ejercicio aglutinador que diera cohesión o permitiera la gestión representativa efectiva dentro de la Capitanía.
La condición de debilidad del aparato administrativo incluso se vería reforzado en las intenciones coloniales de redistribución territorial del istmo como lo menciona Facio que para 1622, con Costa Rica para la Audiencia de Panamá y el caso tan tardío en 1814 de la búsqueda para la obtención de autonomía en modo de Capitanía General para Costa Rica y Nicaragua con una sede de la Audiencia en la ciudad de León (1939, pp. 13).
La competencia entre núcleos urbanos es un enmarque de esta realidad de desintegración en la que aún en espacios territoriales realmente cercanos, la élite tenía un arraigo y una proyección que desconocía el proyecto nacional o lo articulaba a través del ejercicio de clanes dinásticos y esquemas de participación caudillista. Casos de particular interés en los que incluso hay en mayor o menor medida hasta conflictos civiles o militares pueden mencionarse: Guatemala - Quetzaltenango, León - Granada, Cartago - San José, Tegucigalpa - Comayagua (Collado, et all, pp. 112).
Es curioso como en el caso de Costa Rica esta realidad se traslada a sendos conflictos de la batalla de ochomogo de 1823 y guerra de la liga más o menos veinte años después. Es decir, que la debilidad infraestructural del Estado era tal que incluso el proceso mismo de formación de sí mismo se manifestó a través de un ejercicio de aparentemente mayor acercamiento a las características de los señoríos y cacicazgos de cierta tendencia tribal anteriores. Algo que también puede ponerse en discusión respecto de la tendencia que se generó progresivamente entre liberales y conservadores en las distintas naciones que también podrían ser correlacionadas a la presencia territorial de estas.
Sobre la proyección disgregadora, Lindo - Fuentes lo comparte de manera muy clara y directa. El interés de las élites locales una vez dada la oportunidad para ello, fue tender un camino de integración al capitalismo mundial, indiferente de las rutas entre los estados federados que sin embargo no perdían de vista la profunda inestabilidad que aquejaba a cada uno de ellos como lo demuestra al mencionar las muchas batallas que tuvieron los ejércitos (1993, pp. 157-158). En ello, se puede apreciar como la condición de inestabilidad interna no generó un desconocimiento de las oportunidades de introducción a cadenas globales de valor presentes en un periodo de crecimiento comercial, pero tampoco permitió la expansión o inclusión de esa riqueza adquirida. Así lo menciona Holden, en Cortés y Fernandez:
(...) la política patrimonial, expresada de manera clara en el caudillismo latinoamericano y su persistente uso de la violencia, contribuyó tanto como la estructura de clases, a la formación de los Estados de esta región (2020, pp. 7).
Un ejemplo muy claro de ello puede apreciarse a través de la historia de rebelión de Los Altos con de su aparato gubernativo en Quetzaltenango que no solo busca responder a la Ciudad de Guatemala, sino también del proyecto mismo de Estado-Nación que este representa en razón del mantenimiento de la relación con México y el poder del seleccionado Emperador Iturbide (Tarracena, 2011, pp. 93-103).
Esto es de particular interés porque trasciende las debilidades internas de la estructura heredada y establece un primer ejercicio de ordenamiento de diseño externo con una injerencia directa. Lo se que acentuó y se aprovechó del régimen existente de Gavino Gaínza y quería procurar un aparente tránsito efectivo en beneficio del Imperio. En este contexto sin embargo, se reafirman las limitaciones de organización política y cohesión interna, ya que en el proceso constituyente mexicano dió la presencia de 21 representantes, con una cantidad mínima menor de 5 para Centroamérica fuera de Chiapas (7 diputados) y Guatemala (7 diputados), en ello Nicaragua con 2, El Salvador con 1 y Costa Rica no tuvo ninguno (Tarracena, 2011, pp. 115). Poco después sería el colapso interno mexicano y la invitación de un congreso constituyente viene vía decreto del brigadier mexicano Filísola. Lo que transparenta el rango de acción de las élites regionales con mandato de ordenar el territorio en función de un proyecto unificador.
No se puede dejar de lado la naturaleza excluyente de los proyectos post independistas dentro de la región en función de la otredad de los sectores criollos e ilustrados. Hubo un esfuerzo temprano por la eliminación de la esclavitud pero la construcción identitaria fomentó y preservó el ejercicio deshumanizador contra poblaciones especificas. Justo así fue el caso de la dominación y control sobre las poblaciones indígenas que como bien lo explica Lindo Fuentes se mantuvo asociada en una relación desigual y de trabajo forzado con diferencias respecto de su ubicación en los territorios. Siendo Guatemala en donde se ubicaba una mayoría y Costa Rica poseía un uno por ciento (1993, pp. 151). Como lo demostraría la historia posterior, se fomentó esas prácticas de explotación y segregación.
En síntesis, se puede apreciar que las características de nuestra región, se ven inevitablemente sujetas a la realidad de un territorio con una gran cantidad de accidentes geográficos que generan limitaciones y condiciones al desarrollo de las actividades sociales, culturales y colectivas de nuestra población. En razón de las limitaciones en las redes de transporte y tránsito de bienes y personas de la región durante la época colonial y primeras décadas de independencia, parecería que la dificultad de desarrollar y mantener una identidad regional se mantuvo como constante y facilitó el fortalecimiento de las características determinantes en la construcción de un poder infraestructural que no trascendió las limitaciones preexistentes. Es decir, se podría generar la hipótesis que realmente no se logró la creación efectiva de la unidad política territorial del Reino de Guatemala durante su existencia colonial por fuera de la aspiración de un control territorial sin el interés geoestratégico para el imperio español. El diálogo de las fuentes consultadas nos presenta una realidad de condiciones de explotación y dominación de élites criollas con un ejercicio de la influencia mediante redes territorialmente limitadas, al mismo tiempo que compiten entre ellas, y dentro de las cuales se construirán las instituciones públicas.
En ello, la aspiración de mejoramiento e inclusión al sistema económico mundial en crecimiento aumentó la susceptibilidad de los jóvenes Estados a verse bajo hegemonía o coacción extra regional: Mexicana, económica más el escenario de protectorados de Belice, la Mosquitia y posteriormente la militar estadounidense.
Referencias
Cortés, A. y Fernández, D. (2020). "Régimen político, orden social y geopolítica en Centroamérica". Anuario de Estudios Centroamericanos, 46.
Lindo-Fuentes, H. (1993). “Economía y sociedad (1810-1870)”. En Historia General de Centroamérica, Tomo III: De la Ilustración al liberalismo (1750-1870). FLACSO, pp. 141-202.
Mann, M. (2006). “El poder autónomo del Estado: sus orígenes, mecanismos y resultados”. Revista Académica de Relaciones Internacionales, 5.
Pérez Brignoli, H. (2017). El laberinto centroamericano. Los hilos de la historia. CIHAC-UCR. ISBN 978-9968-919-32-6